Continuación...
Tres días más tarde nos presentamos en el registro civil turco bien vestidos
pero informales, sonrientes porque por fin nos casábamos, con nuestra traductora inglesa, nuestros dos testigos y con
muchos nervios y emoción. Cuando llegamos vimos que estaba el juez, un hombre,
por cierto, encantador, y un nuevo "personaje" que no habíamos visto
antes. Esa persona, según parece, era una mandamás funcionaria que estaba a
punto de jubilarse. Nosotros estábamos tranquilos porque ya tres personas nos
habían dicho que estaba todo correcto, pero esa seguridad cambió cuando esta
mujer, realmente desagradable, le arrancó los papeles a mi marido de la mano y
con cara de asco comenzó a ojearlos. Empezó a decir que no con la cabeza y
cuando terminó de verlos todos le dice a mi marido que uno de los documentos no
es correcto y no podemos casarnos. Imaginad mi situación, yo sólo veía los
gestos de desaprobación pero no sabía qué estaba pasando exactamente, cuál era
el problema, ya que no hablo turco. Yo pensaba que era algo que había aportado mi marido, pero me
quedé de piedra cuando vi que era un documento mío. ¡¡Después de tantas
preguntas, de tantas comprobaciones, nos dice que no!!. Jamás en mi vida he
visto esa cara de decepción y desesperanza en mi marido. Ver cómo le suplicaba
a esa mujer me rompía el corazón. Yo empecé a llorar de estrés, de cansancio, y
sobre todo de impotencia. No me lo podía creer. La tres mujeres que nos dijeron
que todo estaba bien hacía unos días tenían cara entre sorpresa y vergüenza.
Esa mujer no tenía corazón. Yo entiendo que hay una ley para cumplirla, pero es
que todo lo que aportamos estaba en la lista, no faltaba nada. Ella estaba erre
que erre que uno de los documentos no era exactamente cómo se pedía. Mi marido
le dijo que ese era el documento que daban en España, que a cuantos españoles
con turcos había casado ella para decir si era correcto o no (ella lo comparaba
con un documento inglés). Después de mucho llanto y mucha súplica se metió en
su despacho y nos cerró la puerta en las narices sin más explicación. En varias ocasiones a lo margo de mi vida me han hecho sentir cual mierda pura, y esa fue una de ellas. Hay mucha
gente insensible y mal educada en el mundo pero ella se llevaba el premio del
año. Mi marido se enfureció y se enfrentó a las tres mujeres que nos dieron el
visto bueno. No sabían dónde meterse. Nos decían que la última palabra la tenía
ella porque tenía más experiencia que ella y no se podía hacer nada, que lo sentían muchísimo. Todo aquello
no aliviaba, por mucho que lo intentasen. Quisimos hablar con el juez
directamente pero la tipa aquella no se separaba de él para nada y las
funcionarias nos dijeron que ya no podíamos hacer nada. Mi marido les dijo que
cómo iba a volverme a España después de todo el esfuerzo, todo el sufrimiento,
con las manos vacías. Al final, cuando me vieron a mí llorar a moco tendido,
con incluso hipo, nos dijeron que entrásemos y cerraron la puerta del despacho
con llave. Le comentaron a mi marido que había una probabilidad de arreglarlo
pero que era complicada. Se trataba de ir a hablar con una mujer muy poderosa
del gobierno, tan poderosa que era superior a la mujer desagradable e incluso
el juez, y ver si ella estaba de acuerdo con los documentos que aportábamos.
Las tres mujeres pensaban de corazón que todo estaba correcto y que la mujer desagradable
quería dar por saco, pero ellas no eran nadie para convencerla, que era su jefa
y además con fama de vengativa. En definitiva, le tenían un miedo atroz.
Ni cortos ni perezosos fuimos en busca de aquella mujer tan poderosa que
trabajaba en otro edificio perteneciente al registro civil, donde se hacen los
nüfus (el DNI turco). El no ya lo teníamos, asi que íbamos como zombies. Yo creo que estábamos tan desesperados y en shock que no
nos dimos cuenta de lo importante que era aquella mujer. Por suerte, o porque
Dios/Allah quiso, estaba en su despacho en aquel momento y, tras pedir permiso, dispuesta a
recibirnos. Cuando entramos inmediatamente intuimos el poder tan grande que
tenía. Tendría unos 50 años, quizás menos, bien arreglada, se le veía culta,
preparada y seria, pero con una sonrisa amable. Todo el mundo le hablaba como
si fuera la reina, entre respeto y peloteo. Nos hizo sentar y mi marido le
explicó lo que nos había pasado. Ella no dejaba de mirarme con cara de lástima
porque yo estaba llorando otra vez, y nos pidió todos los papeles. Estuvo
mirándolos uno a uno poniendo cara de extrañeza, pero no de desaprobación.
Estuvieron hablando un buen rato y de repente mi marido se levantó y me dijo
que nos íbamos. Yo no sabía que había pasado pero por la cara de satisfacción
de él y la sonrisa contenida de aquella mujer intuía que había esperanza. Yo le di las gracias aún sin estar
segura de si había hecho algo en nuestro favor o no, pero el simple hecho de habernos recibido sin cita previa y querer escucharnos merecía un gracias. Ya fuera mi marido me
explicó que había dicho que todos los papeles estaban correctos y que no
entendía porqué la otra había dicho que no eran correctos. Incluso le comentó
que en el fondo no le extrañaba porque la mandamás estúpida ya le había hecho
varias jugarretas a otras personas sin razón. Nos prometió que la llamaría
directamente y hablaría con ella esa misma tarde, que lo solucionaría todo.
Teníamos que volver al día siguiente para hablar con ella otra vez y confirmar
que estaba todo arreglado. Nos quedamos más tranquilos, pero no confiados del
todo, no sabíamos cómo terminaría la historia. Yo al final, derrotada, le decía a mi
turco que tal vez el destino, o alguna fuerza divina, nos intentaba decir que
no debíamos casarnos. Menos mal que mi marido sólo se rió y me dijo: "Anda,
vamos a comer y tomarnos un buen trozo de tarta de postre" (es que hay
unas tartas en Turquía que quitan todos los males, ya os hablaré de ellas otro
día). Evidentemente tuve que llamar al consulado español y contarle todo lo que
había pasado. No se creían todo lo que estábamos sufriendo. Nos animaron y nos
dieron nueva fecha, ¡una vez más!.
Al día siguiente por la mañana él fue sólo a hablar con la mujer poderosa
(yo estaba hecha polvo de no haber dormido por la noche y no parecía que fuese
necesario que yo me presentase). Mi chico vino a la hora súper contento
diciéndome que se había solucionado todo, que la mujer poderosa le había echado
una bronca a la otra y que nos esperaban en el registro civil de matrimonios al
día siguiente a la 1:30 de la tarde.
Y así fue, por fin nos pudimos casar. En el lugar no había rastro de la
mandamás estúpida, cosa que agradecí bastante. El juez amable como siempre. La
traductora inglesa encantadora nos dijo que se había quedado muy mal anímicamente
cuando vio lo que nos había hecho aquella mujer sin escrúpulos y que se
alegraba muchísimo de que todo hubiese terminado bien.
Tras casarnos nos fuimos con nuestros dos testigos (amigos de mi chico) a un
bar cerca del mar, a ponernos hasta arriba de mezes y cervecitas (yo no soy de
beber, pero aquel día lo necesitaba).
Por fin estábamos casados...pero la aventura no había acabado porque aún
teníamos que entregar el libro de familia turco en el consulado y que no nos
pusiesen trabas para darnos el libro de familia español, que no tenía porqué,
pero nosotros ya íbamos desconfiados, ya sabéis el refrán: Gato escaldado, de
agua fría huye...Y no sólo eso, aún faltaba solicitar el visado de reagrupación familiar para que mi marido pudiese entrar en España conmigo.
Esa historia ya la conocéis, y el que no la puede leer en esta entrada que os dejo aquí:
http://eldiariodelasrtamadsen.blogspot.com.es/2011/08/vuelta-espana-ya-casados-peticion-de.html
Espero que esta historia os haga entender todo lo que una pareja hispano turca debe sufrir para estar juntos, pero que no os produzca desánimo, porque ya veis que luchando todo se consigue. Mucha suerte.